FRUTICULTURA
Alto Valle: heladas, granizo y tornados afectaron la producción de peras y manzanas
La temporada frutícola 2026 quedará marcada por uno de los fenómenos climáticos más severos que recuerdan los productores del Alto Valle de Río Negro y Neuquén. Heladas tardías, granizadas intensas e incluso tornados provocaron pérdidas en la producción de peras y manzanas, afectando no solo la cosecha actual sino también el potencial productivo de los próximos años.
Así lo describió en una entrevista en el programa "Nada sucede dos veces", por AM Cumbre 1400, Nicolás Sánchez, presidente de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI), quien aseguró que el principal factor que condiciona a la actividad este año es el impacto climático generalizado sobre toda la región.
"Mi padre lleva casi 60 años en la actividad y dice que nunca vio semejante cantidad de tormentas y eventos climáticos tan adversos. Antes podían afectar zonas puntuales, pero esta vez fue algo generalizado", explicó.
Según detalló, los daños no se limitaron a la fruta. En muchos casos, el granizo afectó hojas y estructuras de los árboles, una situación que podría requerir entre dos y tres años para su recuperación completa.
Un sector golpeado, pero con mercados activos
Pese a las dificultades productivas, Sánchez evitó definir a la actual como la peor temporada de los últimos años. De hecho, sostuvo que la campaña 2024-2025 resultó más complicada desde el punto de vista comercial.
En ese sentido, destacó que la fruticultura regional continúa encontrando demanda en los mercados internacionales.
"El Valle tiene una ventaja importante: la fruta se vende. Exportamos a Estados Unidos, Europa, Rusia, Medio Oriente y distintos países de América Latina. Incluso hemos llegado a vender a mercados tan lejanos como Irak", señaló.
Para el dirigente empresarial, la menor disponibilidad de fruta no necesariamente implica un escenario negativo en términos de precios, aunque reconoció que el consumo interno sigue afectado por la situación económica del país.
El desafío del tipo de cambio y los costos
Más allá de las contingencias climáticas, Sánchez identificó al tipo de cambio y la presión impositiva como dos de los principales desafíos que enfrenta la actividad.
A su entender, la previsibilidad económica es una condición indispensable para cualquier proyecto productivo de largo plazo.
"Prefiero tener variables estables para proyectar a diez años antes que no saber qué inflación o qué dólar voy a tener el año próximo", sostuvo.
No obstante, admitió que el actual esquema cambiario no favorece especialmente a las economías exportadoras, que además deben competir en un escenario internacional donde distintas monedas también se han fortalecido frente al dólar.
La comparación con Chile y la falta de financiamiento
Durante la entrevista, Sánchez comparó la situación argentina con la realidad de Chile, uno de los principales competidores regionales.
Recordó que el país vecino logró multiplicar exponencialmente sus exportaciones de cerezas durante la última década gracias a la estabilidad económica y al acceso a créditos de largo plazo.
"En el Valle tenemos cerezas de excelente calidad y más tempranas que las chilenas, pero no pudimos acompañar ese crecimiento porque no existe financiamiento adecuado ni previsibilidad para invertir", afirmó.
Según explicó, mientras las empresas chilenas pueden acceder a créditos a 20 o 30 años, en Argentina hablar de largo plazo muchas veces significa apenas tres años.
Las nuevas generaciones y el futuro de las chacras
Otro de los temas que preocupa al sector es el recambio generacional. Sánchez señaló que cada vez más jóvenes optan por desarrollarse profesionalmente fuera de la actividad frutícola, una tendencia que también se observa en otros países.
"La unidad productiva muchas veces queda chica para las expectativas de las nuevas generaciones. Si no crece o se consolida, los hijos terminan dedicándose a otras actividades", explicó.
En ese contexto, destacó que en gran parte del mundo la producción agrícola ha atravesado procesos de concentración y consolidación empresarial, algo que en Argentina avanzó mucho más lentamente por la falta de inversiones externas.
Entre Vaca Muerta y la producción frutícola
Respecto del futuro del Alto Valle, Sánchez observó que la expansión demográfica impulsada por Vaca Muerta genera oportunidades económicas, pero también nuevos desafíos.
Por un lado, la actividad hidrocarburífera atrae trabajadores y dinamiza la economía regional. Por otro, incrementa la presión sobre la infraestructura, la disponibilidad de mano de obra y las tierras productivas.
Aun así, el presidente de CAFI sostuvo que la fruticultura sigue mostrando señales de vitalidad.
Si bien algunas chacras han migrado hacia cultivos como alfalfa o maíz, también observó nuevas plantaciones y productores jóvenes que continúan invirtiendo en variedades modernas y en mejoras productivas.
"La actividad se va concentrando. Los que logran sostenerse y crecer siguen comprando chacras, invirtiendo y consolidando sus proyectos", señaló.
En un contexto atravesado por la incertidumbre económica, los cambios climáticos y las transformaciones productivas, la fruticultura del Alto Valle enfrenta desafíos históricos. Sin embargo, para quienes permanecen en el sector, el potencial exportador y la tradición productiva de la región siguen siendo razones suficientes para apostar por el futuro.