ANÁLISIS

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17/07/2026

Por qué los jóvenes corren más riesgos al conducir motos: la explicación de un psicólogo del tránsito

Un psicólogo del tránsito explicó por AM Cumbre 1400 por qué los motociclistas de entre 18 y 35 años concentran los siniestros viales más graves.
El grupo etario más afectado es el de jóvenes de entre 18 y 35 años, y los siniestros de tránsito ya se ubican entre las principales causas de muerte evitable. Foto: captura de video Cumbre Stream
El grupo etario más afectado es el de jóvenes de entre 18 y 35 años, y los siniestros de tránsito ya se ubican entre las principales causas de muerte evitable. Foto: captura de video Cumbre Stream

Los siniestros viales que involucran a motociclistas volvieron a encender las alarmas. Las estadísticas muestran un patrón que se repite año tras año: el grupo etario más afectado es el de jóvenes de entre 18 y 35 años, y los siniestros de tránsito ya se ubican entre las principales causas de muerte evitable en ese segmento de la población.

Para entender qué hay detrás de estos números, Javier Saladino, psicólogo del tránsito y especialista en Psicología Laboral de la Fundación Conciencia, fue entrevistado en el programa Nada sucede dos veces, de AM Cumbre 1400.

Una moto, muchas veces, la primera experiencia al volante

Según explicó Saladino, la motocicleta aparece con una incidencia particularmente alta en los siniestros viales. Pero el especialista advierte que reducir el problema al tipo de vehículo sería un error: hay que mirarlo también desde la psicología.

Para buena parte de los conductores jóvenes, la moto es el primer vehículo que manejan y su primera experiencia al volante. Se trata, además, de un medio de transporte elegido mayormente por necesidad económica: mantener una moto es sensiblemente más barato que mantener un automóvil, lo que explica por qué muchos hogares que ya tienen un auto igual usan la moto para los traslados diarios. A mayor cantidad de motos en circulación, mayor es también la cantidad de motociclistas involucrados en siniestros.

El horario clave: entre las 6 y las 7 de la mañana

Uno de los datos más reveladores de la entrevista tiene que ver con el horario en el que se concentran los siniestros más graves: entre las seis y las siete de la mañana, coincidiendo con el ingreso a los trabajos.

Saladino lo vincula directamente con el llamado accidente "in itinere", es decir, el que ocurre durante el trayecto entre la casa y el lugar de trabajo. A esto se suma un factor fisiológico poco visibilizado: la inercia del sueño. Muchas personas llegan a esa franja horaria sin haber tenido un descanso reparador, especialmente después de los fines de semana, cuando recién están terminando salidas nocturnas.

"A mí no me va a pasar": la ilusión de invulnerabilidad

Detrás de buena parte de las conductas de riesgo aparece un sesgo cognitivo muy estudiado en psicología: la ilusión de invulnerabilidad. Entre los 18 y los 35 años, ese sesgo se manifiesta con especial fuerza a través de una idea muy simple y muy peligrosa: a mí no me va a pasar.

A esto se suma un dato que no es menor: el 80% de las personas involucradas en este tipo de siniestros son varones. Para Saladino, esto se relaciona con conductas más audaces o temerarias, típicamente asociadas al género masculino, que inciden en un menor cumplimiento de las normas de tránsito.

El entorno también juega un papel decisivo. Cuando alguien decide conducir tras haber tomado alcohol, muchas veces el grupo que lo rodea avala esa conducta en lugar de desalentarla. Son pocos los círculos que efectivamente la frenan.

El celular, un factor de riesgo que crece al ritmo de la nomofobia

El uso del teléfono celular al conducir es otro de los ejes que atraviesa la conversación. Saladino relató que, al recorrer distintas provincias del país, observa el mismo patrón: motociclistas que revisan el celular incluso detenidos en un semáforo, ya sea sosteniéndolo con la mano, en un soporte sobre el manubrio o incorporado al casco.

Este comportamiento está vinculado a la nomofobia, el miedo irracional a quedarse sin el celular, sin batería o sin conexión. Genera un nivel de ansiedad tan alto que termina convirtiéndose en un factor de riesgo más dentro de un problema que es, según el especialista, claramente multifactorial.

Comportamiento grupal: de las "juntadas" de motos a los wheelies en la vía pública

La entrevista también abordó un fenómeno frecuente en distintas ciudades, incluida Neuquén: los encuentros de motociclistas que generan ruidos molestos y maniobras peligrosas, como los "wheelies" en la vía pública. Pese a las multas y los controles aplicados, estos encuentros continúan.

Desde la psicología, Saladino explica que hay conductas que una persona se anima a realizar en grupo pero que probablemente no haría en soledad, un fenómeno similar al que se observa en una cancha de fútbol o durante un festejo masivo. El comportamiento colectivo modifica la conducta individual. El límite, remarca, está en que los derechos de una persona terminan donde empiezan los de los demás: si un grupo ocupa la vía pública y pone en riesgo a terceros, el problema vuelve a requerir una respuesta educativa integral.

Por qué en otros países nos comportamos distinto

Un punto llamativo de la charla fue la comparación con otros países. En Chile y Uruguay el control es más riguroso; en Europa se respeta mucho más al peatón, y los vehículos se detienen apenas alguien se acerca a una senda peatonal. En cambio, en muchas ciudades argentinas ni siquiera se respeta la línea de detención antes del cruce.

Para Saladino, esto confirma que el problema no es de falta de conocimientos o de habilidades: la misma persona puede comportarse de forma completamente distinta según el contexto. Lo que cambia son los incentivos y la presión social que ejerce cada entorno, un ecosistema que termina promoviendo conductas más seguras o más riesgosas.

El modelo de las tres competencias: conocimiento, habilidad y actitud

Consultado sobre cómo revertir esta situación, el especialista fue contundente: educación, control, sanción y procesos integrales. Desde la Fundación Conciencia trabajan con un modelo de tres ejes:

Conocimiento: la mayoría de los conductores sabe cuál es la velocidad máxima permitida o que no debe usar el celular al conducir. Ese es el saber teórico.

Habilidad: tiene que ver con la experiencia real y la capacidad efectiva para manejar una moto de forma segura, más allá de haber obtenido la licencia.

Actitud: el interés genuino por ser un conductor responsable, respetar las normas y manejar a la defensiva.

Sin trabajar en simultáneo sobre estos tres aspectos, explica Saladino, es muy difícil modificar los comportamientos. Y antes que nada, advierte, hace falta un paso previo: la sensibilización social sobre un problema que afecta directamente la calidad de vida de toda la comunidad.

Una deuda pendiente: la cultura vial

Para el especialista, no alcanza con dar un curso o con imponer el uso del casco para hablar de una verdadera cultura vial. El cambio debe empezar mucho antes: en cómo se otorgan las licencias de conducir, en la percepción social sobre el cumplimiento de las normas y en la ausencia actual de campañas de educación vial, que supieron tener mayor presencia en el pasado.

"Muchas veces somos analfabetos viales", resume Saladino: no contamos con los conocimientos, las capacidades ni la conciencia necesarios para comprender el verdadero riesgo que implica conducir un vehículo. Y esa conciencia, sostiene, es también parte de ser un buen ciudadano.