POST PANDEMIA
Después del COVID: salud mental, estrés crónico y un sistema que no logra recomponerse
Durante una entrevista en el programa Nada sucede dos veces por AM Cumbre 1400, Victoria Bein, Doctora en Psicología, profesora e investigadora del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, analizó la situación actual.
En conversación con los periodistas, planteó que muchas de las problemáticas actuales no surgieron con la pandemia, pero sí se intensificaron a partir de ese proceso.
En ese sentido, sostuvo que el principal desafío es abordar una crisis que ya no es coyuntural, sino estructural.
La pandemia como acelerador de problemáticas preexistentes
El COVID-19 funcionó como un punto de inflexión que amplificó vulnerabilidades ya existentes. El aislamiento social, la ruptura de rutinas y la incertidumbre generaron un impacto simultáneo en amplios sectores de la población.
Si bien el contexto sanitario fue superado, las consecuencias emocionales y psicológicas persisten. La dificultad para retomar dinámicas previas y la transformación en los vínculos sociales consolidaron nuevas formas de malestar que continúan vigentes.
Un sistema de salud mental en estado de saturación
El incremento sostenido de la demanda dejó al descubierto las limitaciones del sistema de salud mental. Tanto en el ámbito público como en el privado, la capacidad de respuesta se encuentra desbordada.
Esta situación no solo refleja una mayor cantidad de consultas, sino también la complejidad de los casos. La falta de recursos, profesionales y políticas sostenidas dificulta una respuesta adecuada frente a una problemática que se profundiza.
Adolescencia y vínculos atravesados por la virtualidad
Los adolescentes constituyen uno de los grupos más afectados por este escenario. La pandemia consolidó una forma de vinculación mediada por la tecnología, que modificó los procesos de socialización.
La exposición permanente a redes sociales y la digitalización de las relaciones generan efectos en la construcción de la identidad y en la salud emocional. Estos cambios, sumados a la falta de acompañamiento, derivan en situaciones de ansiedad, aislamiento y conflicto.
Familias desbordadas y sin herramientas
El impacto de la crisis también se manifiesta en el ámbito familiar. Padres y madres enfrentan nuevas problemáticas para las que no siempre cuentan con herramientas o acompañamiento.
La ausencia de respuestas institucionales claras genera incertidumbre y decisiones basadas en el temor. Este escenario evidencia la necesidad de fortalecer el rol del Estado en el acompañamiento de las familias.
Estrés crónico en un contexto de inestabilidad
A las secuelas de la pandemia se suma un factor estructural: el estrés permanente asociado al contexto argentino. La incertidumbre económica, la imprevisibilidad y los cambios constantes generan un estado de tensión sostenido.
Este estrés crónico no solo impacta en la salud mental, sino también en la física, con consecuencias que se acumulan en el tiempo. La combinación de ambos factores profundiza el escenario de crisis.
La ausencia de políticas preventivas
Uno de los principales déficits señalados es la falta de estrategias preventivas. El abordaje suele centrarse en la atención de problemas ya instalados, sin un trabajo previo que permita reducir su aparición.
La incorporación de la salud mental en ámbitos como la educación aparece como una herramienta clave. El desarrollo de habilidades socioemocionales desde edades tempranas podría contribuir a revertir esta tendencia.
La entrevista
Victoria Bein, doctora en Psicología e investigadora del Observatorio de Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, analizó el impacto de la pandemia en la salud mental y la situación actual en Argentina.
—Pregunta: ¿Qué impacto dejó la pandemia en la salud mental?
—Respuesta: La pandemia intensificó problemas que ya existían. Aumentó la soledad, la ansiedad y el aislamiento, especialmente en adolescentes. Hoy vemos que esos efectos no solo continúan, sino que en muchos casos se agravaron.
—Pregunta: ¿Cómo está hoy el sistema de salud mental?
—Respuesta: Está colapsado. Tanto el sistema público como el privado y el semi privado no logran dar respuesta a la demanda actual. Estamos en una situación de emergencia en salud mental.
—Pregunta: ¿Cuáles son las principales demandas?
—Respuesta: Lo que más se necesita son programas preventivos. Hoy llegamos tarde, cuando los problemas ya explotaron. Hay que trabajar desde la infancia, acompañando el desarrollo emocional y psicológico.
—Pregunta: ¿Qué pasa con los adolescentes?
—Respuesta: Hay una combinación compleja entre redes sociales, digitalización de vínculos y falta de herramientas socioemocionales. La pandemia intensificó este proceso y hoy se ve en situaciones de ansiedad, violencia y conflictos escolares.
—Pregunta: ¿Cómo impacta esto en las familias?
—Respuesta: Genera mucha incertidumbre. Muchas familias no saben cómo actuar, sienten que el sistema no responde y terminan tomando decisiones por miedo, como no enviar a los chicos a la escuela ante ciertas situaciones.
—Pregunta: ¿Qué rol tiene el Estado?
—Respuesta: Es fundamental. Se necesitan políticas públicas que prioricen la salud mental, con programas integrales en escuelas y acompañamiento a las familias.