2026-09-30

ESTUDIO

La revolución demográfica en Argentina: menos nacimientos, más longevidad y nuevas oportunidades

El economista y demógrafo Rafael Rofman explicó por AM Cumbre 1400 cómo la caída de la natalidad y el aumento de la expectativa de vida están transformando a la sociedad argentina. Advirtió que el país debe adaptar sus sistemas educativo, previsional y sanitario y aprovechar el cambio como una oportunidad.

La Argentina atraviesa una profunda transformación demográfica, marcada por una fuerte caída de la natalidad y un aumento sostenido de la expectativa de vida. El fenómeno, que se aceleró durante la última década, plantea desafíos para el sistema educativo, la salud, las jubilaciones y las ciudades, pero también abre oportunidades que hasta ahora no fueron suficientemente aprovechadas.

Así lo explicó Rafael Rofman, economista, doctor en Demografía e investigador principal de CIPPEC, durante una entrevista en el programa Nada sucede dos veces, de AM Cumbre 1400. Rofman es, además, coautor junto a Carola della Paolera del libro La revolución demográfica.

El especialista sostuvo que el cambio que atraviesa la Argentina forma parte de una transformación que comenzó hace unos 250 años a nivel mundial y hace aproximadamente 150 años en el país.

“Es una revolución rara, porque es una revolución lenta”, explicó Rofman, al señalar que la humanidad pasó de un modelo caracterizado por altas tasas de natalidad y elevada mortalidad a otro en el que nacen menos personas y se vive durante muchos más años.

De muchos hijos y corta vida a menos nacimientos y mayor longevidad

Según explicó el demógrafo, durante miles de años los seres humanos tuvieron muchos hijos y una expectativa de vida muy baja. Era habitual que una mujer tuviera siete, ocho o nueve hijos y que una proporción muy elevada de los niños muriera antes de alcanzar los primeros años de vida.

Ese escenario comenzó a modificarse durante los últimos dos siglos.

“Pasamos de nacer mucho y vivir poco a nacer poco y vivir mucho”, resumió Rofman.

La transformación estuvo acompañada por mejoras en la salud, la alimentación, la medicina, la educación y las condiciones sanitarias. A su vez, aumentó el acceso a métodos anticonceptivos y la participación de las mujeres en el mercado laboral.

Para Rofman, por eso, el envejecimiento de la población no debe interpretarse exclusivamente como un problema. “Envejecer es el mejor indicador de progreso social que puede haber”, sostuvo.

El desafío, explicó, consiste en adaptar las políticas públicas, las empresas y la organización de las ciudades a una sociedad que tendrá una proporción cada vez mayor de adultos mayores.

Argentina: la natalidad cayó un 50% en la última década

El proceso argentino presenta una característica particular: se produjo en un período relativamente corto.

Rofman señaló que la transición demográfica comenzó en Argentina alrededor de 1870, pero que la reducción de la natalidad no fue un proceso gradual y uniforme.

“En lugar de bajar por una rampa, bajamos por una escalera”, explicó.

El economista remarcó especialmente lo ocurrido durante la última década, período en el que, según señaló, el número de nacimientos se redujo aproximadamente un 50%.

La velocidad de esa caída genera preocupación y obliga a revisar estructuras que durante décadas fueron pensadas bajo una lógica completamente diferente: la de una población que crecía año tras año.

Argentina tiene actualmente alrededor de 47 millones de habitantes y, de acuerdo con la perspectiva planteada por Rofman en la entrevista, podría alcanzar alrededor de 50 millones, pero luego mantenerse durante las próximas décadas en un rango de entre 45 y 50 millones.

El cambio más significativo no estaría entonces en el tamaño total de la población, sino en su composición etaria: habrá menos niños y una proporción mayor de personas adultas mayores.

Menos alumnos: una oportunidad para mejorar la educación

Uno de los principales campos en los que Rofman observa una oportunidad es el sistema educativo.

Durante décadas, las autoridades educativas tuvieron que afrontar una población infantil creciente y, por lo tanto, la necesidad permanente de construir escuelas, incorporar docentes y ampliar la infraestructura.

Ahora el escenario comienza a modificarse. “Vienen menos chicos”, señaló el especialista.

Esto permitiría que los recursos que anteriormente eran necesarios para ampliar la cantidad de establecimientos y docentes puedan orientarse a mejorar la calidad educativa.

“En lugar de preocuparse por la cantidad, se pueden ocupar de la calidad”, planteó.

En ese sentido, mencionó la posibilidad de tener más docentes por aula, ampliar las escuelas de jornada completa, incorporar tutores y modificar las formas de enseñanza.

El objetivo sería aprovechar la menor presión sobre el sistema para conseguir que los estudiantes aprendan más.

“Los chicos ya están en la escuela, pero no aprenden”, advirtió.

Rofman consideró que no aprovechar este escenario implicaría perder una oportunidad histórica.

El desafío de adaptar las políticas públicas

La transformación demográfica también genera resistencias porque modifica estructuras laborales, sociales e institucionales que durante décadas funcionaron bajo otras condiciones.

El especialista sostuvo que una parte de la sociedad puede sentirse incómoda frente a esos cambios, especialmente cuando implican revisar derechos, formas de organización o estructuras laborales.

Por eso, consideró fundamental explicar que la transformación demográfica no implica necesariamente vivir peor, sino adaptar las respuestas del Estado y de la sociedad a una nueva realidad.

Un ejemplo que mencionó fue el sistema educativo de la Ciudad de Buenos Aires, donde se anunció la extensión de la educación obligatoria a las salas de tres años.

Según su análisis, la disponibilidad de espacios y docentes generada por la disminución de la matrícula puede ser utilizada para ampliar servicios en lugar de reducir estructuras.

Un sistema previsional que deberá enfrentar más envejecimiento

Otro de los grandes desafíos está relacionado con el sistema previsional.

Rofman sostuvo que el sistema actual presenta problemas vinculados con su costo, su equidad y su eficiencia y advirtió que el envejecimiento poblacional aumentará la presión sobre su funcionamiento.

“Las reformas hay que hacerlas ahora para asegurarnos de que en el futuro mejoremos en esa línea”, planteó.

La cuestión previsional adquiere especial importancia porque el cambio demográfico no se detiene y, con el paso de las décadas, habrá una mayor proporción de personas adultas mayores respecto de la población en edad de trabajar.

Salud: de atender problemas agudos a acompañar enfermedades crónicas

El sistema sanitario también deberá modificar su funcionamiento.

Rofman explicó que buena parte de la estructura sanitaria actual está preparada para atender problemas agudos: una fractura, una infección, una apendicitis o una emergencia que requiere atención inmediata.

Sin embargo, una población más longeva tendrá una mayor presencia de enfermedades crónicas, degenerativas y neurológicas que requieren seguimiento durante largos períodos.

“Si lo que tenés no es un problema agudo sino un problema crónico, una enfermedad de largo plazo, una enfermedad degenerativa, una enfermedad neurológica, un Alzheimer, vas a la guardia del hospital y te dicen: ‘¿Y yo qué hago con esto?’”, explicó.

Para el especialista, el desafío consiste en desarrollar un modelo sanitario capaz de acompañar a las personas durante períodos prolongados, con seguimiento médico, historias clínicas y equipos especializados.

El sistema de cuidados, una deuda para la Argentina

Uno de los puntos sobre los que Rofman puso mayor énfasis fue la necesidad de desarrollar un sistema de cuidados para las personas que pierden autonomía.

Según describió, actualmente existen dos grandes alternativas: que la persona permanezca en su casa y dependa de su familia o que sea trasladada a una institución geriátrica.

El economista planteó la necesidad de desarrollar modelos intermedios que permitan a las personas mayores conservar su autonomía y continuar participando activamente de la sociedad.

Propuso, como ejemplo, edificios o comunidades donde las personas puedan mantener sus propios departamentos y su vida cotidiana, pero contar con servicios comunes, como alimentación o asistencia, cuando los necesiten.

El objetivo sería evitar que una dificultad de autonomía implique necesariamente abandonar la vida social y productiva.

“Hay mucha gente que tiene alguna dificultad de autonomía y que sigue siendo productiva, sigue pudiendo aportar mucho a la sociedad, aportar riqueza, cultura y valor”, sostuvo.

Para Rofman, desarrollar ese tipo de alternativas constituye una tarea urgente para la Argentina.

Hay tiempo para prepararse, pero las decisiones deben tomarse ahora

A pesar de la velocidad con la que cayó la natalidad, el demógrafo destacó que los efectos de la transformación poblacional se producen progresivamente.

La caída de los nacimientos tarda años en trasladarse hacia los distintos niveles del sistema educativo y varias décadas en modificar completamente la estructura de la población adulta mayor.

“Hasta que llegue a las escuelas secundarias faltan diez años”, señaló.

Por eso, consideró que existe tiempo para adaptar las políticas públicas, aunque advirtió que es necesario comenzar a trabajar ahora.

El problema, explicó, es que muchas de las decisiones que deben tomarse tienen costos políticos y sociales inmediatos, mientras que sus resultados aparecen a mediano y largo plazo.

Como ejemplo, comparó las inversiones que generan beneficios visibles rápidamente con aquellas cuyos resultados pueden tardar años en observarse.

“Es la dicotomía de hacer las cloacas, que no las ve nadie, o hacer el asfalto, que lo ve todo el mundo”, sintetizó durante la entrevista.

“Uno es optimista, pero no es inocente”

Rofman definió su mirada sobre el futuro como optimista, aunque aclaró que eso no significa asumir que el progreso está garantizado.

“Yo creo que nunca en la historia de la humanidad estuvimos mejor que ahora”, afirmó.

Según explicó, la evolución histórica muestra avances en salud, alimentación, educación y expectativa de vida, aunque también estuvo atravesada por guerras, conflictos y crisis.

Para el economista, la clave está en no suponer que los avances ocurren automáticamente.

“Tenemos que tomar la responsabilidad de identificar los problemas y definir estrategias sobre cómo solucionarlos”, sostuvo.

En ese sentido, La revolución demográfica busca instalar la discusión sobre los cambios que atraviesa la población y las decisiones que deberá tomar la Argentina para adaptarse.

El problema de los datos y la necesidad de medir

Durante la entrevista también hubo espacio para hablar sobre la disponibilidad y calidad de las estadísticas en Argentina.

Rofman explicó que quienes trabajan en demografía deben evaluar permanentemente qué fuentes son confiables y cuáles presentan problemas.

Puso como ejemplo los datos de natalidad y mortalidad que publica el Ministerio de Salud. Según señaló, considera que son utilizables, aunque tienen como principal dificultad el retraso en su publicación.

También mencionó el uso de fuentes internacionales, como Eurostat y las proyecciones de población de Naciones Unidas.

El trabajo de investigación, explicó, no consiste solamente en acceder a una base de datos, sino también en comparar fuentes, analizar su evolución y determinar cuáles pueden utilizarse.

“Uno tiene que entender, discriminar, buscar fuentes, hablar con la gente, buscar literatura”, resumió.

Para la elaboración del libro también recurrió a fuentes históricas, entre ellas las obras de Domingo Faustino Sarmiento y publicaciones de las décadas de 1930 y 1940 sobre los debates poblacionales en la Argentina.

Menos pediatras y pocos geriatras: una señal del cambio

Rofman también utilizó un dato sobre las residencias médicas para graficar cómo el sistema de salud todavía no parece estar completamente adaptado a la nueva estructura poblacional.

Durante la entrevista mencionó que se ofrecieron alrededor de 250 vacantes para residencias de pediatría y apenas tres para geriatría.

Para el especialista, la diferencia constituye una señal de la necesidad de revisar la formación de profesionales de acuerdo con las nuevas demandas sanitarias.

“En una ciudad que envejece tenés 250 nuevos pediatras y tres geriatras nuevos. Tenés un problema”, sostuvo.

El ejemplo, explicó, no surge de una estadística específica sobre envejecimiento, sino de la revisión de los llamados a concursos y de los registros disponibles.

“Hay que entender que esto es una buena noticia”

La transformación demográfica plantea desafíos que abarcan prácticamente todos los ámbitos de la vida social: educación, salud, jubilaciones, vivienda, cuidados, trabajo y organización urbana.

Pero para Rofman el punto central es que el aumento de la longevidad y la disminución de la mortalidad representan, en sí mismos, un avance social.

El desafío está en adecuar las instituciones a esa nueva realidad.

“Hay que entender que esto es una buena noticia, pero requiere ocuparnos de algunas cosas”, concluyó.

Su planteo es que la Argentina todavía tiene tiempo para prepararse para una sociedad con menos niños y más adultos mayores. Pero esa ventana de oportunidad requiere decisiones de largo plazo y una discusión pública que permita anticiparse a los cambios en lugar de reaccionar cuando ya se hayan producido.

El libro La revolución demográfica

Rafael Rofman y Carola della Paolera escribieron La revolución demográfica con la intención de acercar el debate demográfico a un público amplio.

Según explicó Rofman durante la entrevista, no se trata de un libro técnico o exclusivamente académico, sino de una obra pensada para llevar la discusión a la sociedad.

La propuesta es analizar los cambios poblacionales, sus consecuencias y las oportunidades que pueden surgir a partir de ellos, con el objetivo de que la transformación demográfica deje de ser vista únicamente como una amenaza y pase a formar parte de las decisiones que la Argentina debe discutir hacia el futuro.

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