ENCUESTAS
Las "seis Argentinas": el estudio que rompe el promedio nacional de cara a 2027
Un relevamiento de Management & Fit, presentado por su directora ejecutiva, la politóloga Lara Goyburu, en el programa Nada sucede do veces, por AM Cumbre 1400, muestra que el electorado argentino no se explica con la clásica grieta de "dos mitades". Al cruzar el apoyo al Gobierno nacional con el perfil ocupacional de cada persona, aparecen seis grupos con niveles de aprobación y preocupaciones marcadamente distintos: desde los asalariados privados, los más satisfechos con su situación económica, hasta los desocupados, el segmento más crítico de la gestión nacional.
Con la mirada puesta en las elecciones de 2027, la consultora decidió cambiar el ángulo habitual de sus encuestas. En lugar de la comparación tradicional entre varones y mujeres, o entre mayores y menores de 40 años, esta vez cruzó tres variables clave —apoyo a la gestión, principal problema del país y principal problema personal— con una cuarta: de dónde viene el ingreso de cada encuestado. El resultado desarma la idea de un electorado homogéneo y describe, en cambio, un país fragmentado en realidades laborales que determinan cómo se percibe al Gobierno.
Por qué el "promedio nacional" ya no alcanza para leer el humor social
Según explicó Goyburu, la hipótesis de trabajo parte de un enfoque habitual en la ciencia política y la sociología: el lugar que ocupa una persona en el mundo laboral condiciona la manera en que interpreta la coyuntura. Ese cruce permitió identificar seis perfiles ocupacionales —asalariados del sector privado, estudiantes, jubilados, trabajadores por cuenta propia, asalariados del sector público y desocupados— con comportamientos políticos propios, más allá de la famosa "grieta" que suele resumir la política argentina en dos bandos.
Los dos sectores más oficialistas
Asalariados del sector privado: satisfacción económica y temor a la inseguridad
Es el grupo con mayor nivel de aprobación de la gestión nacional. Declaran que su ingreso les alcanza justo o incluso les permite ahorrar, sin grandes sobresaltos económicos. A nivel país, sus principales preocupaciones coinciden con el promedio general —aumento de precios y tarifas, y corrupción—, pero en el plano personal se despegan claramente del resto: su primer problema es la inseguridad para salir a la calle.
Estudiantes: el apoyo que sube y baja con la economía
El segundo segmento con mayor respaldo al Gobierno. Su nivel de aprobación —no de imagen, aclaró Goyburu— acompaña de cerca la evolución de los indicadores económicos: sube cuando la macro mejora y baja cuando empeora. A diferencia de otros grupos, mencionan con fuerza dos preocupaciones propias a nivel país: la pobreza y la educación. En lo personal, sin embargo, también aparece la inseguridad como principal problema.
Los sectores "del medio": ni más oficialistas ni más opositores que el promedio
Jubilados: la salud como problema diferencial
Su nivel de aprobación está dividido y se mantiene en línea con el promedio nacional. Es, sin embargo, el segmento con peor capacidad de ahorro de todo el mapa: la mayoría dice que no le alcanza el dinero o llega a fin de mes con dificultades. A nivel país, crecen las menciones al aumento de precios, tarifas y corrupción. Pero el dato distintivo aparece en lo personal: la salud —entendida como acceso y cobertura, no como condición física— es mencionada por este grupo con el doble de intensidad que en el resto de la muestra, algo que ningún otro segmento señala como su principal problema personal.
Trabajadores por cuenta propia: la heterogeneidad hecha estadística
Monotributistas, comerciantes, albañiles, emprendedores: quienes viven de su propio esfuerzo y no dependen de un salario fijo ni de un patrón estable. Su aprobación se ubica cerca del promedio porque el grupo es tan diverso como el propio país: conviven quienes les va muy bien con quienes sobreviven de changas diarias. A nivel país comparten con los jubilados la preocupación por precios, tarifas y corrupción, pero en lo personal se distinguen con claridad: la dificultad para llegar a fin de mes es, por lejos, su principal problema.
Los dos sectores más críticos del Gobierno
Asalariados del sector público: el peso del endeudamiento
Este grupo muestra una desaprobación superior al promedio de toda la muestra. Identifican el aumento de precios y tarifas como el principal problema del país, pero lo más significativo aparece en el plano personal: son los únicos que mencionan el endeudamiento —junto con llegar a fin de mes— como su principal problema. Según Goyburu, este dato ayuda a entender por qué el Gobierno nacional encuadra el sobreendeudamiento de las familias como "un problema entre privados": siete de cada diez personas endeudadas dicen haberse endeudado para comprar alimentos o pagar otras deudas, y es justamente el empleado público —el sector más golpeado por la pérdida de poder adquisitivo— quien más pone el foco en ese tema.
Desocupados: el rechazo más contundente
Es el segmento con mayor desaprobación de la gestión nacional de los seis relevados. Siete de cada diez señalan la dificultad para llegar a fin de mes como su principal problema personal, y a diferencia de todos los demás grupos, no mencionan ni la inflación ni la corrupción como principal problema del país: hablan directamente de la desocupación.
La cuestión material, el gran denominador común
Al cruzar los seis perfiles, el estudio encuentra que en cuatro de los seis segmentos la preocupación dominante —a nivel país o a nivel personal— es de tipo material: precios, tarifas, endeudamiento, subsistencia o desempleo. Incluso la preocupación de los jubilados por la salud, señaló Goyburu, puede leerse en clave económica, ya que el acceso a la atención sanitaria tiene un costo y varía fuertemente según la región del país. Solo los estudiantes y los asalariados del sector privado escapan, en parte, a esa lógica estrictamente material.
Para la politóloga, este dato expone una brecha entre la sociedad y la dirigencia política: mientras buena parte de la ciudadanía discute cómo llegar a fin de mes, buena parte de la "élite gobernante" —en un sentido amplio que incluye sindicatos, cámaras empresarias y sociedad civil— sigue discutiendo el control del Estado como fin en sí mismo. En sus palabras, se trata de dos miradas sobre un mismo objeto: el Estado como herramienta para mejorar la vida de las personas, frente al Estado como objeto de disputa entre las élites.
Neuquén, el gas y el petróleo: una discusión con antecedentes históricos
La conversación derivó también hacia la particularidad de Neuquén, donde el boom de Vaca Muerta y el impulso del RIGI conviven con reclamos por la distribución social de la renta hidrocarburífera. Goyburu trazó un paralelismo histórico: la provincia atraviesa hoy, con el petróleo y el gas como materia prima, una disputa similar a la que vivió la provincia de Buenos Aires entre 1880 y 1940 en torno al reparto de los recursos entre la Nación y las provincias. La diferencia, señaló, es el contexto: hoy la discusión se da bajo un calendario electoral bianual y sin partidos verdaderamente nacionales, en un escenario donde el mundo entero mira a Neuquén como recurso estratégico.
Lo que deja el estudio de cara a 2027
El trabajo de Management & Fit sugiere que cualquier estrategia electoral pensada solo en términos de "promedio nacional" corre el riesgo de perder de vista matices decisivos. Con cuatro de seis perfiles ocupacionales atravesados por preocupaciones materiales —precios, endeudamiento, subsistencia o desempleo— y un quinto perfil (los jubilados) con una demanda de salud que también tiene una lectura económica, el desafío para el oficialismo y para la oposición de cara a 2027 aparece nítido: la disputa por "quién se queda con el Estado" solo va a conectar con el electorado en la medida en que logre traducirse en respuestas concretas a la pregunta que, según Goyburu, verdaderamente le quita el sueño a los argentinos: si el Estado puede o no mejorar su vida cotidiana.