INFORME UCA
Pobreza infantil en Argentina: 54% de los chicos son pobres y crece la inseguridad alimentaria
Durante una entrevista en el programa Nada sucede dos veces por AM Cumbre 1400, Ianina Tuñón, investigadora del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, presentó los principales resultados del informe más reciente.
En conversación con los periodistas, explicó que la pobreza monetaria alcanza al 54% de los niños, mientras que la indigencia se ubica en el 10%.
En ese sentido, planteó que si bien hubo una reducción en los niveles más extremos, las condiciones de vida continúan siendo críticas en múltiples dimensiones.
La alimentación como indicador central
Uno de los datos más relevantes del informe es el nivel de inseguridad alimentaria.
Un tercio de los niños vive en hogares que no pueden garantizar una alimentación suficiente o de calidad.
Este indicador refleja no solo una dificultad económica, sino también un problema estructural en el acceso a condiciones básicas.
Hogares bajo presión y reconfiguración del gasto
El análisis muestra que las familias enfrentan un aumento sostenido en gastos esenciales.
Servicios, transporte y energía absorben una mayor proporción de los ingresos, lo que obliga a reducir el gasto en alimentos.
Esta dinámica convierte a la alimentación en una variable de ajuste, con impacto directo en la infancia.
Desigualdades territoriales profundas
El informe también evidencia fuertes diferencias según la región.
Mientras algunas zonas presentan indicadores relativamente mejores, otras —especialmente en el norte del país— registran niveles de pobreza mucho más elevados.
Estas desigualdades muestran que la problemática no es uniforme y requiere abordajes diferenciados.
Efectos que trascienden lo económico
La pobreza infantil tiene consecuencias que van más allá de los ingresos.
Afecta el desarrollo físico, cognitivo y emocional de los niños, condicionando sus trayectorias educativas y sus oportunidades futuras.
La falta de alimentación adecuada y de estímulos en etapas tempranas puede generar impactos difíciles de revertir.
Una deuda persistente en la agenda pública
El informe vuelve a instalar una problemática que se repite año tras año.
Si bien los datos son utilizados como referencia, el desafío sigue siendo traducirlos en políticas sostenidas.
En un contexto de menor natalidad, el escenario aparece como una oportunidad para invertir mejor en la infancia, aunque esa prioridad aún no logra consolidarse en la agenda.
Los datos reflejan una tensión central: mejoras puntuales en los ingresos conviven con condiciones estructurales que siguen limitando el desarrollo de millones de niños en el país.
La entrevista
Ianina Tuñón, investigadora del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, analizó los niveles de pobreza infantil y las condiciones de vida de niñas y niños en el país.
—Pregunta: ¿Qué muestra el último informe sobre la infancia en Argentina?
—Respuesta: Presentamos el informe de la deuda social de la infancia, que incluye múltiples indicadores de desarrollo infantil. En términos de pobreza monetaria, estimamos que en 2025 alcanza al 54% de los niños, con un 10% en situación de indigencia. Si bien hay una leve mejora respecto al año anterior, las condiciones de vida siguen siendo muy complejas.
—Pregunta: ¿A qué se debe la baja en los niveles de indigencia?
—Respuesta: Principalmente a una caída de la inflación y a mejoras en ingresos como la Asignación Universal por Hijo y la tarjeta Alimentar. También influyó la incorporación de adolescentes al programa. Son factores vinculados a ingresos que explican la reducción, pero no resuelven el problema estructural.
—Pregunta: ¿Qué otros indicadores preocupan?
—Respuesta: La inseguridad alimentaria es uno de los más alarmantes. Un tercio de los niños vive en hogares que no pueden garantizar comida suficiente o de calidad. Además, alcanzamos un pico histórico en la cantidad de chicos que dependen de la alimentación escolar.
—Pregunta: ¿Cómo impacta esto en la vida cotidiana?
—Respuesta: Las familias están reconfigurando sus gastos. Hoy destinan más dinero a servicios, transporte o energía, y eso hace que la alimentación sea una variable de ajuste. Esto impacta directamente en el desarrollo de los chicos.
—Pregunta: ¿Hay desigualdades según la región?
—Respuesta: Sí, muy marcadas. Hay regiones como el NOA o el NEA con niveles de pobreza mucho más altos. Las estadísticas nacionales muchas veces esconden esas diferencias, que son muy profundas.
—Pregunta: ¿Qué consecuencias tiene esto a largo plazo?
—Respuesta: Son consecuencias graves. La falta de alimentación y estimulación en la infancia puede generar daños irreversibles en el desarrollo. Además, muchos chicos quedan fuera del sistema educativo o con trayectorias muy debilitadas.
—Pregunta: ¿Estos informes llegan a la dirigencia política?
—Respuesta: Sí, se envían a distintas áreas y actores. A veces hay mayor interés cuando están en la oposición o al inicio de una gestión, pero luego cuesta sostener ese vínculo. De todos modos, seguimos insistiendo en la necesidad de que estos datos se transformen en políticas concretas.