ESCENARIO NACIONAL

Reformas, negociación y poder: el nuevo tablero político que enfrenta Milei

El analista Roberto Chiti evaluó el momento político del Gobierno y advirtió que el rumbo dependerá casi exclusivamente de la economía. Las reformas avanzan, pero el verdadero desafío será atravesar el “tercer año”.

El escenario político nacional atraviesa una etapa de redefinición marcada por la consolidación del poder del Gobierno y un reordenamiento de la oposición. Así lo analizó el politólogo Roberto Chiti en Cumbre a la Carta por AM Cumbre 1400, donde planteó que el oficialismo ingresó en una fase distinta a la del inicio de la gestión, con mayor capacidad de negociación y lectura del tablero institucional.

En diálogo con los periodistas, Chiti explicó que el Ejecutivo dejó atrás la lógica confrontativa pura para avanzar hacia una estrategia más pragmática, en la que las reformas estructurales siguen siendo el eje, pero con un mayor cuidado en la construcción de consensos parlamentarios. “El Gobierno entendió que sin acuerdos no hay leyes y que imponer sin negociar genera derrotas”, señaló.

Uno de los puntos centrales del análisis fue el cambio en la dinámica legislativa. Según Chiti, iniciativas como la reforma laboral y el debate sobre el régimen penal juvenil muestran que el oficialismo logró ampliar su base de apoyo más allá de sus aliados naturales. “Hoy el kirchnerismo duro y la izquierda quedan bastante aislados en las votaciones clave”, afirmó, al tiempo que destacó el rol de sectores dialoguistas de la oposición.

El politólogo remarcó que esta nueva etapa no implica una renuncia al ideario original del Gobierno, sino una adaptación táctica. “La batalla cultural sigue siendo importante para sostener el núcleo duro, pero no alcanza para gobernar. La gobernabilidad se construye con votos en el Congreso”, subrayó.

En ese marco, Chiti sostuvo que el mapa político argentino también está cambiando. A su entender, el clásico eje kirchnerismo–antikirchnerismo perdió centralidad y fue reemplazado por una nueva polarización: mileísmo versus antimileísmo. “Hoy toda la discusión política gira alrededor del Presidente, tanto para apoyarlo como para enfrentarlo”, explicó.

Otro de los ejes del análisis fue la ausencia de una oposición claramente estructurada. Chiti consideró que no existe hoy un liderazgo opositor capaz de disputar la centralidad política. “No hay un referente que ordene el espacio opositor ni un proyecto alternativo claro”, señaló, y agregó que esto le otorga al Gobierno una ventaja estratégica en el corto y mediano plazo.

Sin embargo, advirtió que el verdadero factor decisivo será la economía. Para el analista, el éxito o el fracaso del proyecto oficialista dependerá casi exclusivamente de los resultados económicos. “El 90 o 95 por ciento del futuro político del Gobierno está atado a la economía. Si funciona, el resto se acomoda”, afirmó.

En ese sentido, recordó que la historia reciente muestra que el tercer año de gestión suele ser el más complejo para los gobiernos nacionales. “Ahí se combinan desgaste, expectativas sociales y presión política. Si el Gobierno logra atravesar ese año sin una crisis fuerte, dependerá básicamente de sí mismo”, evaluó.

Chiti también mencionó el impacto de factores externos, como el contexto internacional y los mercados, que podrían condicionar la estabilidad lograda. No obstante, consideró que el Ejecutivo llega a esa etapa con una posición más sólida que al comienzo del mandato.

Finalmente, el politólogo concluyó que el oficialismo enfrenta un escenario desafiante pero favorable. “Hoy el Gobierno tiene la iniciativa política, controla la agenda y logró aprender de sus errores iniciales. El gran interrogante es si podrá sostener ese equilibrio entre ideología, gestión y resultados económicos”, cerró.

La entrevista

—Roberto, el escenario político cambió en las últimas semanas. ¿Qué está pasando en el Congreso?
—Es una agenda intensa. El Gobierno va a fondo con reformas que afectan intereses sectoriales. Lo vimos con la reforma laboral y ahora con otros proyectos estructurales. Pero aprendió que sin negociación no prosperan las iniciativas.

—¿Hay un cambio de actitud respecto al inicio del mandato?
—Claramente. En los primeros años intentó imponer su agenda sin concesiones y sufrió derrotas legislativas. Ahora negocia y logra mayorías más amplias, como ocurrió con la aprobación en el Senado.

—¿La reforma penal juvenil responde más a una cuestión ideológica que económica?
—Sí. Tiene un componente ideológico más marcado, pero aun así logró consenso más amplio que otras iniciativas. La oposición dura queda limitada al kirchnerismo más cerrado y la izquierda.

—¿Existe hoy una oposición consolidada?
—No. Hoy no hay un liderazgo opositor claro. La centralidad política la tiene Milei. El clivaje kirchnerismo-antikirchnerismo se terminó y estamos transitando hacia un mileísmo-antimileísmo.

—¿De qué depende una eventual reelección?
—En un 90 o 95% de la economía. La batalla cultural consolida núcleo duro, pero si la economía funciona, el escenario electoral queda muy favorable.

—¿Y el tercer año, históricamente complejo?
—Ese es el desafío. Si atraviesa el tercer año con estabilidad económica y sin shocks externos, depende de sí mismo.

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